Pesadilla Lúcida

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La Fiesta Eterna

Es la noche de la Fiesta Eterna.

Dazet, borracho, me llama por teléfono. Está en Roma. Yo estoy en Barcelona, le digo. Vente a casa. Me promete que así lo hará.

Mis invitados llaman a más invitados. "Esta no es mi casa" pienso, pero ya se está llenando de gente. Grito: "¿Quién coño os creéis que sois? Esta es mi casa. Todo el mundo fuera". La gente, algunos pocos convencidos, se dan la vuelta. Otros ya están tocando mi piano -¿Tengo un piano?- Veo cómo el Quemaciudades se aleja. Tan atado lo tengo al subconsciente.

Poco a poco la casa se va vaciando. He tenido que golpear en la cara a un pelirrojo.
He disfrutado con ello. Por fin puedo golpear a alguien teniendo un motivo.
Alguien les ha dado la dirección de mi otra casa. Tengo que llegar allí antes que ellos.
Pero la Fiesta Eterna ya está montada en mi otra casa: el suelo pegajoso de alcohol, borrachos rompiendo muebles, impertinentes que no saben que la casa es mía. "Bonita fiesta" me dicen.

Hijos de puta.

2 comentarios:

Jejeje, ¡¡escalofriante!! y muy buena idea para un relato, sí señor ;)

 

¡Jajaja!Oye qué fiesta más cojonuda, gracias por invitar ;)